La alimentación consciente en mi vida

Hoy voy a contaros cómo cambió mi vida la alimentación consciente.

Como la mayoría de nosotros, crecí con el dicho “hay que comer de todo”.

Aunque la infancia es un colectivo que se protege de prácticamente cualquier cosa que sea considerada dañina para el desarrollo físico, emocional y psicológico, no ocurre así con la alimentación. De hecho, incluso los adultos, poco sabemos de nutrición y no le damos la importancia que se merece.

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Pasé mi infancia comiendo de todo, de lo bueno, de lo no tan bueno y de lo realmente malo. Pronto aprendí qué alimentos me gustaban más y me ayudaban a sentirme bien. Después no me costó relacionar la comida con los conflictos. Así aprendí a comerme los problemas. Los que más me gustaban eran los azucarados, los fritos y los que se podían comprar ya hechos como premio los fines de semana.

No es difícil de imaginar cómo llegué a la adolescencia con sobrepeso y con los problemas emocionales que conlleva una relación insana con la comida. Ahí apareció la culpa, y con ella el círculo vicioso. Todo eso unido a las propias dificultades de la edad me hicieron aumentar aún más mi peso y mi malestar conmigo misma. A esas edades es muy fácil sacar fuerzas de las emociones, que se viven como muy intensas, y pasé a la restricción de calorías. Así, a los 18 años conseguí quitarme todo el sobrepeso para comenzar a vivir mi vida… ingenua de mí pensaba que el problema eran los kilos.

El principio de la edad adulta fue duro. Estudiar una carrera, trabajar e independizarme fue demasiado para mí y recaí… no sólo recuperé todo el peso perdido, sino que gané aún más. De nuevo restricciones, dietas hipocalóricas y complementos alimenticios extraños de la mano de una cadena famosa de supuestos especialistas en nutrición que me hacían perder peso a gran velocidad y con graves consecuencias para la salud. Otra vez efecto rebote. Ahí ya toqué fondo… Me rendí. Todo era demasiado para mí, imposible de controlar… Me rendí de lleno a la comida.

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Pero dentro de todos nosotros hay un pequeño botón. Está muy dentro, apenas se ve. Cuando tocas fondo lo tienes al lado. Es el botón de emergencia. Es el botón de la resiliencia. Me di cuenta de que esa comida que me calmaba cuando me sentía mal no era el problema, sino que no saber regular mies emociones de forma sana era la que me estaba haciendo realmente daño. Me hice consciente. Empecé a dejar de comer todas aquellos alimentos dañinos por sentirme mejor conmigo misma. Al principio no sabía qué comer que fuese bueno para mi salud, me obsesioné de nuevo, por lo que bajó mucho mi ingesta calórica y adelgacé a toda velocidad. Bajé unos 30kg en más o menos 6 meses, un verdadero palo para mi cuerpo. Esa comida que antes me encantaba empezó a darme asco, no sabía qué comer en su lugar y empecé a sospechar que quizás pudiese tener un trastorno de la conducta alimentaria. En esta sociedad tampoco te ponen fácil escapar de todo esto. Si crees o sospechas que tienes un problema con la comida busca ayuda profesional: asociaciones, psicólogos, nutricionistas…

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Me informé. Aprendí. Crecí. Empecé a conocer mi cuerpo y a mí misma. Me interesé por la procedencia de los alimentos que consumía. Entrené la atención en las sensaciones corporales cuando comía, cuando digería los alimentos. Comprendí las necesidades de mi cuerpo, las necesidades reales. Empecé a ejercitar mi cuerpo haciendo deporte y a quererlo dándole las gracias por los logros. Hice la conexión.

A día de hoy llevo tiempo ya manteniendo mi peso. Me ejercito practicando ejercicios por intervalos de alta intensidad combinados con yoga. Sigo leyendo y aprendiendo sobre nutrición y sobre cómo afectan a mi cuerpo los alimentos. Pero eso todo no es lo importante… Sigo creciendo como persona y, sobre todo, queriéndome a mi misma como me merezco. Porque lo importante no es el peso, no es la apariencia, no es la imagen, lo importante eres tú, tu vida y el amor que tienes para darte y dar a los demás. Porque un cuerpo es solo un cuerpo y es bello sea como sea, y es tuyo, cuídalo, cuídate. Es tiempo de reivindicar lo real y de empoderarnos.

avocado-1844894_1920.jpgSi estás al principio del camino ¡adelante! ¡no tengas miedo!. Sólo las personas que lo estamos recorriendo sabemos lo duro que es, lo fácil que es recaer, lo importante que es tener apoyos, lo difícil que es ser perseverante y, en definitiva, lo duros que son los problemas a veces. Y desde el camino puedo decirte que se puede y que merece la pena ser valiente cada día.

¡Hasta el próximo artículo!

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