Mindfulness con niños

Está claro que el mindfulness nos puede ayudar a lo largo de nuestra vida en muchos ámbitos y de distintas formas. Además de nuestras necesidades personales, la práctica de mindfulness puede adaptarse también dependiendo de la etapa de ciclo vital en la que nos encontremos.

En el caso de los niños, la práctica les ayuda a ver y a entender su dolor emocional. La técnica scram (siglas que coinciden con la palabra en inglés que significa “pirarse”) les enseña paso a paso a hacerse consciente de emociones difíciles o experiencias dolorosas: Stop -Para Calm -Calma tu cuerpo Remind -Recuerda mirar lo que ocurre dentro y fuera Act – Actúa de forma consciente Metta -Bondad como forma de actuar.

La práctica se adapta muy bien a la infancia, ya que puede enfocarse como un juego y, al basarse en la propia experiencia, requiere la participación activa del niño. Teniendo en cuenta la edad, tendremos que adaptar las prácticas al nivel de desarrollo correspondiente. De este modo, les animamos a ser más instrospectivos y a ver objetivamente: procesos internos, cuál es su tendencia a actuar o reaccionar; interacciones externas, cómo se relacionan con otros incluyendo el establecimiento de límites y el manejo de conflictos; y conexión entre ellos mismos, los demás y el entorno.

Además, mindfulness es un gran entrenamiento de la atención que puede ser trabajado desde la infancia. La práctica continuada refuerza la función ejecutiva y viceversa, en concreto la memoria de trabajo, la planificación y organización, el funcionamiento ejecutivo global y la metacognición emergente. El Centro de Investigación de Conciencia Plena de UCLA (Universidad de California, Los Ángeles) realizó estudios piloto cuyos resultados sugieren que dicho entrenamiento puede comenzar a realizarse a partir de los 4 años. El trabajo de las funciones ejecutivas, es necesario acompañarlo con la perspectiva de uno o la presencia del espectador amable, es decir, ayudar a los niños a diferenciar entre identificarse con una emoción (estoy triste) y observar la emoción (conozco esta sensación de tristeza). De este modo, el niño comienza a entender que él no es sus emociones, sino cómo se siente con respecto a algo que ha sucedido en el presente. Así, consigue aprender a no dejarse llevar por ellas, pararse para elegir alternativas y centrarse en la tarea que tiene que realizar.

Mediante ejercicios y juegos adecuados, se potencian la conciencia de la experiencia interior (pensamientos, emociones y sensaciones físicas), la experiencia exterior (pensamientos, emociones y sensaciones físicas de otras personas), y ambas juntas (sin mezclarlas). Cuando se trabaja con emociones negativas que acompañan a situaciones dolorosas inevitables, éstas pueden volverse muy destructivas e inmanejables si quedan en manos únicamente de los niños. En este caso, sería recomendable el acompañamiento de un mentor que ayudase a enseñar el scram y fuese fuente de seguridad y modelaje a su lado en la vida diaria del niño. El entrenamiento se centra en hablar de las emociones como algo pasajero, experimentar atentamente con el mentor para ver que es posible tener control sobre la respuesta que dan a las emociones, reconociendo que puede dejar pasar las emociones sin invitarlas a quedarse y también reconociendo aquellos momentos en los que no sienten esas emociones negativas para relajarse y ser ellos mismos. En este caso, la sintonía con el mentor puede ser el núcleo del cambio terapéutico y se expresa en la seguridad, confort y alivio que siente el niño en su presencia, por lo que puede integrar la visión positiva que tiene el mentor de él y hacerla propia. También puede utilizarse esa sintonía para ayudar a crear la capacidad del niño para la autocompasión y la comprensión.

Las principales pautas para el trabajo con niños son:

Ser mentores y encarnar: así los niños aprenden más rápidamente a crear sus propias habilidades. Es necesario que el mentor tenga establecida la práctica de mindfulness y tenga experiencia en las prácticas concretas que va a realizar. Crea una conexión que refuerza la capacidad de ambos de acceder a un estado mental tranquilo y claro. Por último es esencial tener paciencia y alejarse de la necesidad de obtener resultados, disminuyendo así el sufrimiento del niño.
Prácticas: enseña a los niños a observar y etiquetar las emociones. Gracias a los juegos podemos adecuar la práctica a distintas edades, habilidades de desarrollo y al tiempo de atención. Como son actividades lúdicas, los niños fluyen y se divierten, haciendo el entrenamiento más llevadero. No debe olvidarse la conciencia de la respiración, que puede enseñarse por sí misma como herramienta en todas las edades. En caso de que el niño no se sienta cómodo, no se debe insistir.
Metta: complemento indispensable para practicar la bondad y el cuidado aprendiendo a incluir en el círculo de compasión tanto a él como a los demás.
Sistemas familiares: es importante informar a los padres del trabajo que se realiza e intentar integrarles en el proceso para que puedan participar también en el entrenamiento en casa.

Cabe destacar que la etapa de transición de la niñez a la adolescencia es un periodo especialmente sensible que necesita la promoción de la competencia social y emocional y el bienestar de los mismos. Por ello, es necesario poner en marcha programas que incorporen prácticas de mindfulness, ya que tanto en la preadolescencia (9 y 10 años) como en la adolescencia temprana (11 y 12 años) es cuando los niños consolidan sus personalidades, conductas y competencias que se mantendrán en la adolescencia y después en la edad adulta y se producen cambios drásticos y fundamentales en todos los ámbitos de la vida.

Por ello, las escuelas tienen un papel muy importante siendo éstas una gran opción para poner en marcha el entrenamiento en mindfulness.

Mindfulness en educación

Hasta ahora, uno de los objetivos más importantes de la educación se basaba en la memorización de información. Con el cambio que estamos viviendo y a causa de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, estamos en riesgo de padecer lo que han llamado como <<infoxicación>>, es decir, una intoxicación mental producida por el exceso de información que se nos hace imposible digerir y crea estrés y agobio. De este modo, la educación adquiere un nuevo papel en que, además de trabajar los conocimientos académicos, debe enseñar cómo acceder a las fuentes, asimilar e integrar la información, fomentar el desarrollo crítico y creativo, y ayudar a los alumnos a potenciar el desarrollo social y personal.

En la actualidad, niños y adolescentes experimentan niveles de estrés sin precedentes que puede resultar en ira, ansiedad, depresión y externalización de conductas desadaptativas, así como baja autoestima y falta de confianza en sí mismos. Todo ello puede influir negativamente en el rendimiento académico de los alumnos ya que interrumpe su pensamiento y obstaculiza el aprendizaje.

En este sentido, el mindfulness resulta útil desde edades tempranas para contrarrestar el estrés diario, para asimilar de forma más relajada la información que recibimos evitando el exceso de información, y para fomentar el desarrollo personal, social y la promoción del bienestar, complementando los aprendizajes académicos.

Hoy día, la ciencia ha aportado validez y respaldo al mindfulness, y su aplicación en la escuela está poco a poco adquiriendo más reconocimiento.

Los beneficios del mindfulness sobre el alumnado se pueden resumir de una forma muy clara y sencilla: reduce el nivel de estrés, mejora la concentración, aumenta la capacidad de ser consciente, mejora la atención y la memoria de trabajo y contrarresta la tendencia a distraerse tanto de estímulos internos como externos, disminuye la ansiedad, mejora el autocontrol, potencia la empatía y la comprensión hacia los demás, desarrolla habilidades naturales de resolución de conflictos, mejora de forma general la salud  y aumenta el rendimiento académico .

Gracias a programas como Inner Kids Program, Inner Resilence Program (IRP), Learning to BREATHE, Mindfulness in Schools Project (MiSP), Mindful Schools, entre otros, se han encontrado efectos positivos en niños y adolescentes similares a los encontrados en adultos incluyendo mejorías en: la memoria de trabajo, atención, destrezas académicas, habilidades sociales, regulación de las emociones, autoestima, mejora del estado de ánimo y disminución de la ansiedad, el estrés y la fatiga.

En España también se han realizado investigaciones sobre los efectos del mindfulness en distintas variables como el autoconcepto, rendimiento académico, malestar psicológico, estrés y ansiedad, habilidades sociales, burnout o resiliencia, entre otros. En general se han estudiado en profesores y alumnos de educación secundaria obligatoria, bachillerato y población universitaria, quedando pendiente la realización de estudios en educación infantil y primaria. Una de las iniciativas recientes que está cogiendo fuerza en los centros educativos de nuestro país es el Programa Aulas Felices para promover la psicología positiva en el ámbito educativo. Está dirigido a alumnos de educación infantil, primaria y secundaria (de 3 a 18 años). Los dos ejes del programa son la atención plena y la educación de las fortalezas personales y sus objetivos básicos potenciar el desarrollo personal y social de los alumnos y promover la felicidad en alumnos, profesores y familias. A día de hoy está en marcha la validación de su eficacia mediante varias investigaciones. En este programa se enseñan adaptadas a las edades correspondientes las siguientes técnicas de mindfulness: meditación basada en la respiración, meditación caminando, exploración del cuerpo (body scan), ejercicios de yoga, tai chi y chi kung, adaptaciones de la meditación compasiva y la atención plena en la vida diaria. Además, se les sugiere que practiquen en otros momentos fuera del colegio ejercicios como saborear un alimento, contemplar y escuchar con placer, llevar una piedra en el bolsillo para recordar que se debe prestar atención, hacer tareas cotidianas con atención plena, aprender a despertar la consciencia en momentos especiales, recitar versos para despertar la consciencia, intentar vivir un día con atención plena e incorporar pausas en la vida diaria. Uno de los mayores beneficios de este programa es que lo aprendido se puede extrapolar a otros ámbitos como la familia, en la educación de universitarios, en instituciones de educación no formal, en actividades deportivas…

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¿Y a ti? ¿Qué te parece? ¿Estarías de acuerdo en incorporar mindfulness en los colegios?

FUENTES:
Turanzas (2016), Arguís (2014), Equipo SATI (2010), Goodman y Kaiser-Greenland (2009), .

Un comentario en “Mindfulness con niños

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