Comer atentos en familia

Cada vez es más habitual que las familias se reúnan menos para comer. Incluso dentro del mismo domicilio los horarios a veces no nos permiten comer juntos y, al final, adquirimos hábitos que nos desconectan de la propia acción de comer.

Esto nos preocupa especialmente cuando hay niños o adolescentes en casa, ya que es muy probable que acaben cogiendo las mismas costumbres que observan a su alrededor.

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Hoy os traigo una serie de consejos para ayudar a mejorar nuestra relación con la comida en familia y, sobre todo, con los más peques de la casa.

1.- Ante todo es fundamental observar la conducta propia. Cuando somos nosotros mismos quienes comemos con la televisión encendida, o leyendo el periódico, es difícil y poco creíble promover valores de atención.

2.- Comer juntos siempre que se pueda. Tal vez solo se pueda una vez al día o un par de veces por semana, según horarios, pero es importante elegir ciertos días para disfrutar de la comida en familia. Es un gran momento para practicar alegremente la atención en comer.

3.- Dar las gracias por la comida. No hace falta ser cristiano para bendecir la mesa. Podemos dar gracias por tener alimentos en el plato de muchas formas: gracias a quién ha trabajado y ha hecho posible que estén ahí, gracias al cocinero que ha preparado la comida y gracias a la tierra que nos ha dado los alimentos.

4.- Un minuto de silencio antes de comer. En él aprovecharemos para ser consciente de la presentación, los colores y los olores de los alimentos. ¡Tenemos que saciar también el hambre visual y olfativa!

5.- Hacer preguntas sobre los alimentos. Es muy normal que no nos preguntemos mientras comemos de dónde viene o de qué se compone la comida. Muchos niños ni siquiera lo saben. Por ello es una gran idea preguntar en la mesa y explicarlo. Por ejemplo de qué está hecho el pan, cómo es el proceso de elaboración y cuántas personas han hecho falta para que esté en nuestra mesa.

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6.- Investigar sobre la comida. Mientras cocinamos, podemos pedirle a los más pequeños que busquen información sobre la historia de alguno de los ingredientes que se va a utilizar para que después, en la comida, nos hagan una breve exposición sobre él.

7.- Buscar nuevos sabores. ¿Quién dijo que comer es aburrido? Hoy en día tenemos a nuestro alcance productos exóticos que normalmente no comemos, o incluso que nunca hemos probado. Es una gran idea un par de veces al mes acudir a tiendas de alimentación de otros países y elegir algo nuevo para degustar en casa.

8.- Respeta sus apestatos naturales. No debemos obligar a los niños a comer. Ellos tienen su propio centro cerebral de control de saciedad. Si lo forzamos podríamos causarles desajustes que les pasarán factura a medio y largo plazo. Anímales a probar un bocado de algo nuevo y pregúntales cómo es, a qué huele, a qué sabe y qué emoción les suscita.

9.- Háblales de los distintos tipos de hambre. Así aprenderán a distinguir cuándo tienen hambre estomacal de verdad y no la confundirán con hambre emocional. Además, dará pie a que empiecen a auto-observarse y a conocerse.

10.- Cultiva una actitud divertida y curiosa hacia la comida. Relájate y disfruta con los más pequeños. Cuando la vida es un juego aprendemos mejor y nos sentimos bien.

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Espero que os haya gustado y os sirva para mejorar la relación con la comida en familia.

Un abrazo y ¡hasta el siguiente artículo!

Fuente: Chozen Bays, J. (2009) Comer atentos.

Un comentario en “Comer atentos en familia

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