Seamos pacientes activos

Tarde o temprano, lo más habitual es que en algún momento de nuestra vida nos toque superar algún proceso de curación. Ya sea un resfriado, una gripe, una lesión muscular, una rotura de hueso o, en algunos casos, alguna enfermedad más seria.

Sea como sea, tenemos interiorizado el patrón correspondiente que aprendimos de pequeños. ¿Te has parado alguna vez a pensar en ello? Lo más habitual es acudir al médico de cabecera y seguir el tratamiento correspondiente. ¿Y algo más? En general nos sentamos en la silla, le contamos nuestros síntomas, los apunta en un ordenador y nos hace una receta de algún medicamento que nos ayude a suprimirlos o a disminuirlos. Estamos acostumbrados a sentarnos y a esperar a que los fármacos y el médico hagan su trabajo. ¿Y nosotros? ¿Cuál es nuestro papel en todo esto?

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Hasta hace poco, los pacientes eran enfermos pasivos que se limitaban a ponerse en manos de los profesionales recayendo en estos últimos toda la responsabilidad del proceso de curación. Esto no sólo ocurre en el campo de la salud física, sino también en la salud mental. Poco a poco, están saliendo a la luz estudios científicos en los que podemos ver que la actitud activa de los pacientes es clave tanto en la prevención como en el tratamiento, no sólo en la mejora sustancial del problema, sino también en la actitud que acompaña el proceso, ambas en directa interacción.

Nuestro cuerpo, nuestra mente, tienen un poder de curación innato del que a veces nos olvidamos. Estamos preparados para sobrevivir y, al igual que vemos cómo con el tiempo las heridas superficiales se cierran, todo nuestro organismo tiende a auto-repararse.  Está en nuestra naturaleza.

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Siendo esto así y sabiendo que una actitud proactiva ayuda al proceso… ¿por qué seguimos siendo pacientes pasivos? Aquí van una serie de consejos para tener una actitud más activa en los procesos de curación:

  1. Observa y escucha tu cuerpo: es importante fijarse en los síntomas e investigar sus posibles causas o procedencia. Recuerda que muchos síntomas físicos provienen de causas emocionales. Sincérate contigo mismo.
  2. Acude a un profesional: aunque tengamos un papel activo, siempre es necesario contar con un buen guía que sepa diagnosticarte y tratarte. Acudir al médico de cabecera o a un profesional específico cualificado es esencial.
  3. Pregunta, pregunta, pregunta: infórmate sobre el diagnóstico, sobre el tratamiento, sobre las posibles causas, sobre la medicación que te propongan, sobre las posibilidades de mejora, sobre efectos secundarios… Pero, sobre todo, pregunta qué puedes hacer tú como paciente: pautas de nutrición, ejercicios físicos, hábitos saludables, tratamientos complementarios o alternativos…
  4. Investiga más: a pesar de lo que te digan en consulta, busca en otras fuentes. No todos los profesionales te darán todas las pautas posibles. Si es una enfermedad, seguramente haya páginas web de asociaciones con información, pautas, estudios y terapias ajenas al servicio público de salud que te darán muchas opciones.
  5. Cambia hábitos: muchos de nuestros problemas médicos o derivan de malos hábitos de vida o pueden mejorar si adoptamos un estilo de vida sano. Es imprescindible adquirir buenos hábitos alimenticios, de respiración, de ejercicio físico y de higiene física y mental tanto para prevenir como para mejorar. Siempre consulta primero a tu médico, ya que según tu dolencia algunos ejercicios no estarán indicados.
  6. Da importancia a tu actitud: es de vital importancia tener una buena actitud en el proceso. Tener paciencia, ser positivos, activos y compasivos hacia nosotros mismos, tener humor… Algunos procesos son largos y delicados. Ayúdate a ti mismo y déjate ayudar.
  7. Busca buenos apoyos: una buena red social de apoyo va a ayudarte mucho en el proceso. Personas queridas que te cuiden y se preocupen por ti, que te ayuden y apoyen en el proceso van a facilitarte mucho el camino. Compartir nos hace fuertes. Pero cuidado, algunas compañías favorecen que nos autoafirmemos en nuestro papel de víctimas.
  8. Trabaja la aceptación: cuando luchamos o nos esforzamos por salir de una situación desagradable estamos alimentándola desde la idea de que hay algo malo en ella. Esa no aceptación produce presión, estrés, negación, sentimientos de culpa y de injusticia, ira, frustración, tensión, odio hacia nuestro organismo… que no ayudarán nada en nuestro proceso. Sabemos por estudios que la subida de cortisol obstaculiza la curación natural del cuerpo. Acepta la situación y trabaja con ella. Suelta.

Cuando nos paramos a observar y a analizar, cuando vemos más allá de patrones adquiridos, cuando ponemos interés en el autoconocimiento, cuando aprendemos a querernos… entonces nos hacemos partícipes de nuestra vida.

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