¿Cantidad o calidad?

Mira a tu alrededor. ¿Qué ves? Vivimos en la sociedad del consumo. Más es mejor. Más es más.

El marketing y la publicidad se encargan de mandarte esos mensajes directamente al subconsciente a cambio de cuantiosos beneficios económicos a su favor. Comprar te sube la autoestima, te hace más atractivo, exitoso, más personas te desearán, harás muchos amigos y tus enemigos te envidiarán, serás más feliz y superior a los demás. ¿Te suena? Quizás se lo hayas oído decir a tu vocecilla interna. Puede que incluso en más de una ocasión hayas actuado en consecuencia. Es normal, a todos nos ha educado así la televisión y llevan mucho tiempo estudiándonos para sacarnos partido.

Ahora piensa en esas veces que has comprado con alguna o algunas de estas motivaciones. ¿Realmente ha cumplido esas expectativas? Claramente no. El consumo no va a solucionar nuestras carencias. De hecho, añade capas de sufrimiento en forma de frustración, obsesión, ambición, competitividad, avaricia, miedo a perder… entre otras. Nos han hecho pensar que las cosas se solucionan rápido, y además con dinero. Nos han quitado la capacidad de trabajo, la creatividad, el amor propio, la paciencia y la disciplina, nos roban el dinero y no nos dan lo prometido a cambio. Así, nos mantienen en una espiral de pobreza, desesperación y falsa ilusión de pertenecer a una clase media que se puede permitir comprar cosas. Le han puesto un precio a todo y nos han hecho pensar que podemos pagarlo. Nos han impuesto la cultura del esfuerzo y el sacrificio. Nos hacen producir y consumir para ellos, nos mantienen ocupados, desconectados de nosotros mismos. Vivimos deprisa y rodeados de ruido.city-690158_1920.jpg

El negocio de la cosmética y la belleza corporal nos ofrece cuidados “necesarios”, belleza y juventud infinitas. Gastamos muchísimo dinero en alimentar una idea que sabemos que no es real pero a la que insistimos en aferrarnos. Nos hacen creer que nos hacen únicos y que nos dan la inmortalidad.  Nos venden que el envejecimiento y la muerte no existen, que lo único importante es la apariencia.

El negocio de la alimentación también da escalofríos. Los productos light, los sin gluten, los ultraprocesados… Y más escondido pero igualmente dañino: la disponibilidad. Podemos conseguir alimentos exóticos de lugares lejanos a buen precio, tanto que no nos importa tirarlos en casa o en los restaurantes, sin plantearnos siquiera cómo se producen, cómo se transportan, qué condiciones laborales subyacen, qué impacto tienen en el planeta y sus habitantes… y por supuesto qué impacto tienen en nosotros. Nos han hecho comer más de lo que realmente necesitamos produciendo en nosotros inseguridades, adicciones, más necesidades, enfermedades….

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Podríamos ir analizando muchos más como la automovilística, las farmacéuticas, la electrónica e informática, las telecomunicaciones, la moda, incluso ocurre con las religiones y las filosofías ancestrales. Párate y mira a tu alrededor. Han hecho un negocio de todo porque nos hemos dejado. Y porque nos seguimos dejando.

Un ejercicio muy interesante es hacer un listado. Por ejemplo, ve al baño. Apunta en un papel todas las cosas que tienes en él. No te dejes ninguna. Ahora ve poniendo al lado de cada una de ellas si crees que es necesaria en tu vida. Es probable que ya hayas considerado algunas como no necesarias. Vuelve a repasarla analizando aquellas catalogadas como necesarias y piénsalo dos veces. Seguro que has eliminado unas cuantas más. Y si vuelves a pensarlo de nuevo, quitarás más. Puedes hacerlo también en la cocina, en la sala, en tu armario… Te darás cuenta de la magnitud del asunto. Acumulamos mucho, nos quedamos sin espacio en nuestras casas, cada vez necesitamos más cosas pero nada de lo que tenemos cumple realmente la expectativa por la que lo compramos y todo ello nos genera obstáculos que nos impiden trabajar lo que realmente importa: nosotros. Nos tienen bien enganchados.

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¿Qué podemos hacer? Cuando tienes menos, necesitas menos y tienes más espacio para respirar, crecer, viajar y vivir experiencias. Es evidente que vivimos en esta sociedad y que formamos parte de ella. No podemos salirnos sin más. Pero podemos no dejarnos llevar tan fácilmente. Ten claras tus prioridades, no te dejes engañar por eslóganes, intenta ver la menor publicidad posible, sé critico con lo que te dicen y contigo mismo, piensa tres veces antes de comprar algo, infórmate sobre los productos que adquieres, cuida los productos que compras hasta su fin de vida, trabaja tu propio proceso de crecimiento interior, vive de una forma saludable física y mentalmente… Y sé compasivo contigo mismo, no necesitas ser más de lo que ya eres. Consume conscientemente y cuídate mucho, pero de verdad. 

Acabemos entonces con esta reflexión ¿eliges cantidad o calidad? Yo lo tengo claro.

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