¿Qué necesitas para empezar?

Hoy me gustaría hablar de qué necesitas para empezar a incorporar Mindfulness en tu vida.

Para empezar, una actitud abierta. Probablemente esto sea algo que nunca hayas hecho, por lo que al principio puede que te suene raro o que creas que no es para ti. En realidad, lo bueno del Mindfulness es que se acopla a todo el mundo, independientemente de la edad, de la forma de ser, de la religión… Solo necesitas abrirte a la nueva experiencia y verás que es sencillo incorporarlo a tu vida.

Otra cosa esencial es tener paciencia. Esto no es algo que se pueda hacer bien o mal, así que no te frustres exigiéndote cosas que no son necesarias. Esta disciplina consiste en entrenar la atención y, como todo, es un proceso gradual. Además, en la propia definición de Mindfulness aparece la cualidad del no-juicio, para vivir el proceso de una forma compasiva hacia nosotros mismos.

Para llevarlo a tu vida diaria, necesitarás tiempo. No te preocupes, seguro que consigues hacerle un hueco. Simplemente elige de antemano en qué momentos del día te viene mejor y respétalos. Al principio quizás te baste con diez minutos al día de práctica formal y la práctica informal no requiere de tiempo extra porque se realiza mientras haces las tareas.

Si estás convencido de comenzar el proceso debes tener compromiso. A pesar de que algunos programas de Mindfulness han demostrado eficacia en 8 semanas, lo cierto es que no todos somos iguales, y que para mantener los beneficios y cambios producidos deberás incorporarlo como rutina en tu vida diaria.

En lo referente a materiales, no necesitas nada. Aunque en el mercado puedes encontrar todo tipo de objetos de los que hablaré en algún artículo en el futuro, la verdad es que son sólo complementos para la práctica. Mindfulness depende de ti, no de lo que tengas. Con una silla, una cama o el mismo suelo te basta.

 Al principio es normal estar perdido ya que para muchos es un cambio muy grande. En ese caso, lo mejor es que encuentres un buen profesor que te guíe por lo menos en el comienzo de tu aventura, que te aconseje, te enseñe técnicas y te ayude a solventar dudas u obstáculos que te surjan.

Pero así para empezar a entrar en ambiente sería una buena idea que te creases un espacio para ti.

Tu rincón de calma

A pesar de que no necesitamos nada más que a nosotros mismos para meditar, tener un espacio destinado a ello nos ayuda a establecer una rutina diaria. Este espacio es muy personal, así que lo ideal es hacerlo a nuestro gusto.

Podemos empezar por limpiar y organizar nuestra casa o el lugar donde vayamos a meditar. Muchas veces vamos acumulando muchas cosas que no utilizamos y que cargan el ambiente provocando estrés visual y muchas distracciones. Te aconsejo tener un lugar decorado de forma minimalista y muy sencilla en el que la mayoría de las cosas no estén a la vista, es decir, estén metidas en armarios y cajones. De este modo, conseguiremos mucha amplitud y espacio extra.

Después de esto, toca elegir dónde vamos a poner nuestra base de meditación. Utiliza tu intuición para ello. A lo mejor te apetece un sitio lleno de luz como al lado de una ventana, o a lo mejor prefieres un lugar más tenue o incluso oscuro. O simplemente, no tengas mucho donde elegir. No te preocupes, sea el lugar que sea, lo haremos tuyo.

1. Tu espacio

El objetivo de esta zona es que puedas estar con tranquilidad contigo mismo y para eso puedes modificar cualquier parte de tu casa en caso de que no tengas una específica para ello. Lo ideal es una parte que sea especial para ti y que te haga sentir a gusto. Es importante que esté libre de ruidos en la medida de lo posible, tanto dentro como fuera de casa si tienes jardín o terraza. Para la decoración es mejor que sea un espacio sencillo con colores suaves, poco amueblado, más bien minimalista y funcional para evitar distracciones visuales. Así, conseguiremos que el foco principal esté puesto en nosotros mismos.

2. Personalízalo

Cuanto más adaptado esté a tus gustos, más tranquilo te sentirás en él. Algunas cosillas que puedes añadir para mejorar el confort son una pequeña alfombra mullida y calentita en la que te guste sentarte, un pequeño sofá si no estás a gusto en el suelo, una pequeña mesita baja donde puedas poner cosas bonitas que te motiven como velas, alguna fotografía o cosas de decoración, puedes poner también algún cuadro o tela estampada en la pared, una planta, incienso, estatuas religiosas, una pequeña fuente… Recuerda que no tiene que estar demasiado cargado. A medida que lo vayas usando podrás ir modificándolo a tu gusto y necesidades.

3. Inamovible

Es una buena idea que este espacio esté siempre disponible, es decir, que no tengas que montarlo cada vez que quieras pasar tiempo allí. Así vencerás la pereza y siempre estará listo para ti. Será tu espacio donde siempre puedas ir a encontrarte con esa tranquilidad.

4. Sácale el mayor partido

Este espacio no sólo es para sentarte a meditar. También puedes utilizarlo para las meditaciones informales como hacer yoga, pintar mandalas, escuchar música… Sólo hay dos normas: que nadie te moleste y apagar el móvil o ponerlo en silencio fuera de nuestro alcance. Recuerda que este espacio es sólo para ti.

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¡Hasta el próximo artículo!

 

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