Cleanfulness

Cleanfulness es un término compuesto por las palabras en inglés clean (limpiar) y mindfulness (atención plena), por lo que podemos traducirlo como atención plena en la limpieza o limpiar poniendo consciencia en ello.

Mindfulness o atención plena es la capacidad humana universal de prestar atención al momento presente con apertura, aceptación y sin juicios. Es una capacidad que se puede entrenar.

Aunque una de la formas de entrenamiento del mindfulness más conocidas es la meditación formal, también hay otras formas de practicarlo de forma informal en acciones cotidianas como caminar, comer o fregar los platos. ¿Y no es acaso el objetivo de la meditación formal llevar el estado de consciencia al día a día?

Origen del cleanfulness

Esto del cleanfulness no es una cosa nueva, los monjes budistas llevan practicándolo en sus templos desde tiempos antiguos. Y es que la limpieza está muy relacionada con la pureza en todas las religiones y por tanto tiene una carga espiritual muy intensa.

En nuestra cultura occidental, atea en la práctica, con escaso contacto con la espiritualidad, llena de prisas, dando gran valor a las actividades de ocio y teniendo tantas obligaciones que cumplir, la limpieza se ha convertido en una carga desagradable que nos hace desesperarnos, asquearnos y muchas veces tirar la toalla.

Como consecuencia de ello no ponemos atención consciente en el orden y la limpieza de nuestras casas, no organizamos el hogar para facilitarla y esto suele traducirse en hogares desordenados, no tan limpios como quisiéramos y sobre todo en una mala relación con el acto de limpiar que crea ambientes tensos, discusiones… y que encima no podemos evitar tener que hacerlo si queremos vivir con salubridad.

Cleanfulness en el hogar

La práctica del cleanfulness nos ayuda a entrenar la atención plena mientras limpiamos nuestra casa, y ésta no sólo va asociada a hacerlo con atención, sino a valorar y agradecer lo que limpiamos en el proceso y también el hecho el poder hacerlo. Podemos convertir la limpieza en un ritual de agradecimiento y autocuidado diario.

Mejorar nuestra relación con la limpieza también hará que vayamos viendo limpiar como algo agradable y que nos gusta hacer cada día, sabremos mejor qué tenemos en casa, seremos más conscientes de qué compramos, nos costará menos tiempo limpiar y disfrutaremos de un hogar en el que nos sintamos serenos.

Cómo facilitar la limpieza en casa

Una de las causas más importantes por las que no nos suele gustar limpiar es porque se nos hace complicado y tedioso. A continuación te voy a dar una serie de trucos que facilitan enormemente la limpieza y tienen que ver con el minimalismo aplicado al hogar:

  • Ten menos cosas: aquí me parece esencial en primer lugar aplicar el método Konmari en tu casa si sientes que la tienes abarrotada. Cuanto más tengas más complicado será limpiar y más tiempo necesitarás para ello. Aprende a desechar.
  • Ten pocos muebles: sólo los que necesitas. Lo ideal sería adaptar las cosas que tienes a un mueble en concreto y no al revés, no ir comprando muebles a medida que vas llenando los que tienes. A veces llenamos el espacio con muebles de almacenamiento. ¿Te suena aquello de “no tengo espacio entre mueble y mueble”?
  • Elige bien tus muebles: los muebles cuadrados y lisos son ideales para limpiar, en cambio los que tienen recovecos, embellecedores, muchas piezas distintas… acumulan más suciedad y además en zonas difíciles de llegar. Lo ideal es que los elijas con puertas en vez de estanterías y lo que guardes ahí estará más protegido del polvo y la suciedad.
  • Cuidado con la decoración: intenta tener la justa si te gusta y que cumpla con el requisito de que sea de fácil limpieza. Cuidado con los muebles que sólo sirven para decorar. Cuidado con las mil figuritas en mesas, estanterías y muebles. Me gustan los cuadros como decoración porque no restan espacio y son fáciles de limpiar.
  • Plantas sí, pero no te pases: las plantas también hay que mantenerlas y ensucian. Hay que regarlas, puede caer agua de ellas si no lo haces bien, pierden hojas y cae tierra. Sobre todo si además tenemos animales en casa.
  • Las superficies despejadas: limitar el número de objetos que tenemos en las mesas, superficies de los muebles, etc. agiliza y facilita muchísimo la limpieza. Quizás no tener nada sea demasiado para ti, pero puedes limitarte a un par de objetos por superficie.
  • Valora como se merece el ventilar: renovar el aire de nuestra casa es esencial para que el ambiente no se cargue. Estamos acostumbrados a ventilar la casa una vez al día, especialmente a las mañanas, pero es una gran idea hacerlo más a menudo.
  • Ten menos textiles: los textiles cogen mucho polvo y suciedad, alfombras, cortinas, tapicerías de sillas y sofás, colchas, cojines… Sobre todo para los que tenemos animales es crucial minimizar los textiles en el hogar para facilitar la limpieza.
  • Unifica los cables y escóndelos: los cables atraen mucha suciedad y es difícil limpiarlos porque tienes que pararte a separarlos, pasar la escoba… te supone un tiempo extra. Hoy día venden (o puedes hacerte) cajas especiales para que dentro estén los cables con mini aperturas en los extremos para la entrada y la salida de las tomas. También se pueden meter en cajones o detrás de los muebles. Hay muchas ideas en internet. Si puedes comprar cargadores inalámbricos pues mucho mejor, esos cables por ahí que te ahorras.
  • Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa: elige un sitio para cada cosa y pon atención en dejarla ahí después de usarla o al llegar a casa. Así no tendrás las cosas tiradas por cualquier parte.
  • Intenta no ensuciar: parece obvio pero cuando cocines por ejemplo, intenta hacerlo ensuciando lo menos posible tal vez utilizando el mínimo de utensilios posible o poniendo atención en los movimientos para no derramar líquido o alimentos.
  • Limpia lo que ensucias: al momento, sin dejar la suciedad ahí, barre al momento la tierra que han desprendido tus zapatos al entrar, pasa la bayeta justo después de manchar la encimera de la cocina, limpia al momento el espejo que has salpicando lavándote los dientes… Estos pequeños detalles ayudan a mantener la limpieza.
  • Quítate los zapatos en la entrada: en la cultura oriental es típico dejar los zapatos en la entrada. Un zapatero ahí es una gran opción para no llevar el polvo y la suciedad de la calle a nuestro hogar. Si utilizas zapatillas de casa acostúmbrate a limpiar las suelas de vez en cuando.
  • Simplifica tus herramientas de limpieza: mil cuatrocientos cacharros para limpiar no son necesarios. Unas bayetas, unos trapos, una escoba, una fregona… simplifica todo lo que puedas y guárdalo todo en el mismo lugar.
  • Simplifica tus productos de limpieza: es habitual acumular productos específicos de limpieza que no usamos normalmente y que perfectamente se podrían unificar en un solo producto. Apuesta por los productos de limpieza multiusos siempre que puedas.
  • Crea tu propio ritual: limpiar cada día en el mismo orden es una gran idea. Cuando elegimos un plan de limpieza y lo ejecutamos cada día vamos poco a poco perfeccionandolo y haciéndolo nuestro. No tiene por qué ser una limpieza exhaustiva, puedes adecuar el plan a tus necesidades y al tiempo que dispongas o quieras disponer para limpiar. Eso hará que las limpiezas profundas sean más fáciles e incluso menos habituales.
  • Ten cosas que te gustan: comprar lo que de verdad nos gusta hace que nos de placer tocarlo, sentirlo, limpiarlo y mimarlo. Cuando nuestra casa tiene cosas que nos gustan se hace más agradable limpiarla.
  • Párate a apreciar tu casa cuando está limpia: cómo huele, cómo te sientes en ella cuando todo está ordenado y limpio, cómo se ve. Cuando te sientes bien en tu casa limpia querrás que siempre esté limpia.
  • Y sobre todo respeta tu casa como si fuera un templo: porque lo es, es tu templo, es el lugar donde te deberías sentir seguro, donde poder relajarte, donde poder estar con los tuyos, donde llevar a la gente que amas, donde crear buenos momentos.

Limpia de forma inteligente

Limpiar es un arte en sí mismo y tiene su propia técnica y sus porqués. Es un buen primer paso asumir que no sabemos cómo limpiar bien y, por tanto, informarnos y aprender cómo hacerlo.

La limpieza se debe diferenciar por zonas (no es lo mismo la cocina que el baño o el salón), por materiales (no se limpia igual el mármol que la madera), y por orden (no tiene sentido pasar el polvo después de barrer).

Por otro lado podemos aprender sobre productos de limpieza para comprar los menos agresivos y más respetuosos con el medio (incluso podemos hacer algunos en casa si sabemos cómo), y a guardarlos y manipularlos correctamente, de forma que sean seguros para nosotros y nuestra familia.

También es importante involucrar en la limpieza de la casa a todos los miembros de la familia, teniendo tareas conjuntas y tareas específicas para cada miembro, de forma que todos aprendamos y tengamos una relación sana con el orden y la limpieza.

Una oda a la vida ordenada

Hay belleza en el orden y en la limpieza, en el cuidado, en poner atención a lo que tenemos, en el agradecimiento. Es sólo cuestión de pararnos a mirar para apreciarla.

Vivimos en una época en la que (por fin) se da mucha importancia al autocuidado del cuerpo por sus beneficios en la salud física y mental, pero aún parece que estemos lejos de respetar y honrar también nuestros bienes materiales.

La sociedad occidental está metida todavía muy a fondo en el consumismo, la novedad y el “usar y tirar”. Quizás sería una buena idea dejarnos influenciar por las tradiciones orientales que valoraban cada objeto en sí mismo, honraban la vida útil de las cosas, apreciaban las creaciones de los artesanos y ponían esmero en arreglar lo que se rompía.

Una casa ordenada nos ayuda a ordenar la mente. Una casa limpia nos ayuda a purificar nuestra forma de estar en el mundo. El acto de limpiar nos ayuda a agradecer lo que tenemos. Una mente ordenada, un espíritu ligero y una vida agradecida. No se me ocurre mejor forma de vivir.

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